Archive for the 'anarquismo' Category

08
Jun
13

Novedad Editorial. Ya está en las calles

PortadaMERCELO

El anarquismo, pensado como un movimiento que ha desplegado procesos de antagonismo social, luchas, insurrecciones, huelgas y revoluciones, tiene un devenir de largo aliento. Es un movimiento que genera instantes de resistencia y un proyecto político radical desde formas de hacer política basadas en la acción directa. Las formas de pensamiento, posicionamientos ético-políticos y prácticas que han construido las individualidades y colectividades libertarias, adquieren vitalidad y vuelven al ahora-tiempo en los movimientos anticapitalistas que crean formas de hacer política y de organización en la perspectiva de la autogestión y la descentralización.

Este libro pretende dar cuenta de un collage de movimientos anticapitalistas y de instantes de rebelión que en el tiempo actual han hecho irrumpir el horizonte anarquista, desde nociones y prácticas que significan tentativas de crear una existencia contra la dominación y contra toda forma de poder jerárquico. La deriva reflexiva que se condensa en estas páginas tiene un sentido y una perspectiva provisional y abierta, que corresponde a una elaboración situada en un tiempo y un espacio concreto, donde han intervenido aspectos subjetivos —buena parte de ellos inconscientes— y políticos que convierten esta labor de elucidación en una imagen temporal, que pretende estar en movimiento, dispuesta a la crítica y al conflicto. Pues sólo un pensamiento que existe como crisis y negación puede aspirar a ser un pensamiento crítico.

 

Índice

Introducción

 

Primera Parte

Pensamiento crítico y memoria insumisa.

Crisis, negatividad e insubordinación

 

I. Acercamientos a contrapelo a las colectividades en ruptura. Una apuesta por pensar de modo no-estatal

A. Historia a contrapelo: La actualización de los pasados marginales

B. Sociedad instituyente y pensamiento no-estatal. Estado de excepción y conflicto social

 

II. Investigación militante y caminar-preguntando. Reflexiones desde la crítica, el conflicto y la lucha

A. Pensamiento crítico y rupturas emergentes

B. Caminar en incertidumbre: Interrogación, reflexión y rememoración

 

III. El horizonte anarquista en el ahora-tiempo. Un hacer-pensar contra la dominación

A. Reflexiones libertarias contra la dominación

B. Las nociones-prácticas anarquistas, vivir-resistir en ruptura

 

IV. La revolución social en el tiempo actual. Antagonismo social y horizontes de autonomía

A. La revolución mundial de los trabajadores: lucha de clases y acción directa

B. 1968: la irrupción de una imagen rebelde

C. Constelación de luchas anticapitalistas en el ahora-tiempo

 

Segunda Parte

Irrupciones libertarias en el tiempo actual

 

I. Horizonte libertario y zapatismo. Tierra, comunidad y autonomía

A. La práctica zapatista. Mandar-obedeciendo y auto-organización de los pueblos

B. Vivir la autonomía en los hechos. El autogobierno y las comunidades indígenas en rebeldía

 

II. Del movimiento antineoliberal a los indignados y ocupas: resonancias del anarquismo

A. Las luchas antineoliberales: entre las protestas y las asambleas

B. Ocuparlo todo. Instantes de ruptura para crear crisis en el capitalismo

 

III. Contracultura libertaria y negación de la sociedad del espectáculo. Alteridad y resistencia

A. Irrupción del punk. Anti-arte y ¡hazlo tú mismo!

B. El movimiento anarcopunk en Guadalajara. Resistir y crear autonomía

 

IV. Espacios-tiempos de autogestión y lucha. Prácticas antagónicas para dejar de ser lo que somos

A. La emergencia de formas de hacer política anticapitalistas en el ahora-tiempo

B. Imaginarios y potencialidades para la autogestión generalizada

 

De venta en el Centro Social Ruptura (Angulo #931, entre Enrique Díaz de León y Juan N. Cumplido), los Espacios Libertarios del Tianguis Cultural (Estajanovismo y RASH) y en la librería Siglo XXI (Enrique Díaz de León #150, esquina con López Cotilla). Pronto más puntos de venta.

 

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30
May
13

Bakunin en el siglo XXI

Hace[r] saltar a una determinada época fuera del transcurso homogéneo de la historia; así hace saltar también a una determinada vida fuera de su época, y a una determinada obra fuera de la obra completa de una vida […] La obra singular está conservada y superada en la obra completa, lo mismo que en la obra completa la época y en la época el curso entero de la historia

De los que vendrán no pretendemos gratitud por nuestros triunfos, sino rememoración de nuestras derrotas

Walter Benjamin

 

El 30 de mayo de 1814 o el 20 de mayo de 1814 (Cappelletti, 1986) o el 11 de mayo de 1814 (Lehning, 1999) nació Mijail Bakunin. La fecha exacta en el tiempo cronológico no importa mucho, a fin de cuentas el tiempo cronológico es una temporalidad homogénea y vacía, lo que nos importa es el calendario. El calendario de lucha, organización y rebelión que se puede evocar desde la vida, la acción y el pensamiento de Bakunin.

En la tradición libertaria hay un rechazo a identificarse y nombrarse a partir de una persona ―no existen los proudhonianos, ni los bakuninistas, ni los kropotkianos― (Graeber, 2011), existe la negativa a pensar que un individuo puede ser el centro del pensamiento y la acción de un movimiento en el que han participado y dado su vida cientos de miles o quizá millones de colectividades e individualidades a lo largo de más de 150 años de existencia del horizonte libertario. Esta tentativa de evocar los primeros tiempos del anarquismo en particular y de toda la historia del movimiento libertario en general, a partir de una vida, la vida Mijail Bakunin, y viceversa, no se hace para exaltarlo ni para darle un lugar superior a los demás militantes libertarios de su época.

Traer al tiempo del ahora la vida y lucha de Bakunin nos increpa a los militantes anarquistas del presente, nos hace recordar una pluralidad de posicionamientos ético-políticos, formas de hacer política y de organización que potencian tentativas autogestivas de ruptura, existencias rebeldes y en tensión. Pensar para volverlo parte de nuestra memoria insumisa a Bakunin significa la irrupción de un hacer pensante anti-estatista y anti-capitalista, anti-patriarcal y anti-teologista, es decir, contra la dominación, contra la división de la sociedad entre unos que mandan y otros que obedecen.

El hacer militante de Mijail Bakunin es parte de una constelación insurrecta que desde el mundo del trabajo se enfrentó al capital y al Estado. Es parte de un movimiento que existió en todo momento de forma instituyente, recurriendo a la creatividad y la imaginación, recreando las prácticas y el pensamiento, soñando y luchando por lo imposible.

En ese instante de insubordinación, donde está inserto Bakunin, se dieron las bases de un movimiento que rompió, desde su origen y hasta el día de hoy, con la dicotomía izquierda-derecha, fue más allá, pues se posicionó-posiciona contra toda forma de dominación. Se configuró como un movimiento que ha rechazado en todo momento la formula autoritaria que piensa que el fin justifica los medios, pues reconoce que de acuerdo a los medios y al método será el mundo que se construya.

Con Bakunin y la constelación rebelde de la que es parte, surge el anarquismo socialista y revolucionario, un anarquismo que entiende la política como la acción directa de los interesados mismos para resolver sus propias necesidades e intereses, un anarquismo que reconoce que la emancipación es un acto de auto-emancipación, donde se acabe con los jefes y las vanguardias.

La vida de Bakunin evoca una irreductibilidad ética que caracteriza a una buena cantidad de los militantes libertarios, una ética que se niega a crear relaciones utilitarias con los otros, que rechaza cualquier forma de poder coercitivo y de autoritarismo, que niega la dominación del hombre sobre la mujer. Una ética que no separa la militancia de la vida diaria.

Cuando las corrientes dominantes de izquierda revolucionaria decían que el sujeto de la revolución era el proletariado, en la versión más abierta, o el obrero industrial europeo, en las interpretaciones más ortodoxas. Anarquistas como Bakunin expresaron que el sujeto revolucionario es cualquier persona y colectividad en el instante en que desobedece, cuando se insubordina y resiste contra la dominación. Cuando se organiza e instituye su hacer y pensar en el sentido de la rebelión. Ser un sujeto revolucionario no está determinado por el lugar de nacimiento ni por la clase a la que se pertenece, como una cuestión preestablecida, abstracta, ser sujeto revolucionario es luchar contra la opresión desde lo que cada quien es y para dejar de ser lo que somos, para destruir las relación sociales de dominación, explotación y patriarcales.

Con Bakunin, con los anarquistas de la Internacional Antiautoritaria que nació en el Jura suizo en 1872 y con cada iniciativa libertaria que irrumpe en América, Asia y Europa en la segunda mitad del siglo XIX, germina una forma de organización y de hacer política que rechaza la forma-partido y cualquier tipo de jerarquía en la acción política, recurren a la afinidad, la complicidad, la confianza y a las formas federativas-descentralizadas de organización. Con el socialismo revolucionario, como se hacían llamar los libertarios de ese tiempo, nació el sindicalismo revolucionario y anarquista, surge como contraposición de los partidos, pues es una forma de organización que se nutre desde las necesidades sujetos en lucha en el ámbito de trabajo, como enfrentamiento directo contra los patrones y el Estado, mediante las huelgas salvajes y el sabotaje cotidiano, actos que desembocaban de tanto en tanto en revueltas generalizadas.

Las sociedades secretas que promueven Bakunin y los libertarios de esa época evocan los grupos de afinidad libertarios, espacios de lucha y organización donde se reconoce la libre iniciativa y el libre acuerdo, donde lo que une es la confianza y la amistad, colectivos que están en movimiento y recreándose de acuerdo a sus necesidades, imaginación y creatividad.

La actitud política de Bakunin que resuena en el movimiento libertario a lo largo de su historia, es el rechazo a la postura autoritaria y utilitarista que se contenta con estarse aprovechando de la coyuntura, montándose en las luchas y resistencia de los otros para dirigirlas, reconducirlas u obstruirlas, como lo ha hecho la izquierda estatista de todos los tiempos. Los zapatistas del EZLN hace poco nos volvieron a recordar que no se trata de aprovechar la coyuntura, sino de crearlas; el movimiento anarquista en sus momentos instituyentes se ha abocado a crear tentativas insurreccionales y de rebelión que fuera capaces de poner en cuestión y trastocar las relaciones sociales de dominación.

En el ahora-tiempo nos sigue resonando Bakunin, nos increpa y nos cuestiona. Nos fuerza a seguir en el horizonte ético-político anti-estatista, anti-capitalista y anti-teologista, en horizonte de la autonomía como proyecto, que existe en cada tentativa de lucha y rebelión donde se recurra a la auto-organización, a la acción directa, a la afinidad y la descentralización. Con Bakunin nos encontramos en la perspectiva de una revolución social de la vida cotidiana, donde se insurreccione la vida, destruyendo las relaciones sociales y significaciones de dominación y se creen relaciones sociales y significaciones en el sentido de la autogestión generalizada, de la vida como poesía.

 

Marcelo Sandoval Vargas

Centro de Estudios y Documentación

Anarquista – Francisco Zalacosta

26
Dic
12

El anarquismo: siempre incomodo, siempre criminalizado

Marcelo Sandoval Vargas

Centro de Estudios y DocumentaciónAnarquista – Francisco Zalacosta

 

La represión y violencia que el Estado, a través de los gobiernos federal y de la Ciudad de México, implementó contra las personas, colectivos y organizaciones que protestaban contra la imposición de Peña Nieto el primero de diciembre del 2012, demuestra la continuidad de la guerra de contrainsurgencia y la política represiva que se está aplicando en contra de los que resisten al despojo, la explotación, el desprecio y la opresión.

La estrategia represiva estaba destinada a crear miedo, a paralizar las movilizaciones y a llevar a otra lógica la lucha del movimiento contra la imposición –pues es comprensible que de ahora en adelante la mayoría de los esfuerzos estarán orientados a sacar a los compañeros de la cárcel-; para esto recurrieron a los golpes durante las protestas, a disparar balas de goma y de gas lacrimógeno directamente contra la gente, con la intención de herirlos de gravedad, al encarcelamiento masivo de personas –muchas de ellas que nada tenían que ver con las manifestaciones-, al uso de provocadores, a la intimidación y al hostigamiento.

Junto a esto resalta el sistemático señalamiento y criminalización, por parte del gobierno del df y de los medios masivos de comunicación, al movimiento anarquista y al anarquismo, como promotores de la violencia, de actos vandálicos y de la destrucción; lo cual nos recuerda historias que han acompañado al movimiento libertario desde sus orígenes, donde se les ha acusado desde todo tipo de gobiernos, sean de derecha o de izquierda, como impulsores de caos, terrorismo y violencia.

La propia campaña de criminalización y persecución que se ha desatado desde el gobierno del Distrito Federal no es algo nuevo, es una campaña que viene desde el propio Cuauhtémoc Cárdenas y la continuaron López Obrador y Marcelo Ebrard. Una campaña orquestada para aislar, desarticular y golpear a un movimiento que resulta incomodo a todas las personas y grupos que aspiran a dirigir, controlar, gobernar y suplantar a los demás, que aunque se quieran ocultar bajo la mascara de la democracia y la representación no son más que los administradores y operadores de la dominación y la explotación capitalista.

Ante esto los compañeros de la Cruz Negra Anarquista México reconocen que las “declaraciones, con las que pretenden implicarnos como autores de los hechos ocurridos en las manifestaciones, son parte de una campaña de criminalización y persecución en contra de grupos e individuos anarquistas y libertarios… [son] una revancha en nuestra contra debido al trabajo que hemos venido realizando, principalmente en solidaridad con los jóvenes anarquistas que el gobierno del Distrito Federal ha secuestrado en sus cárceles en estos últimos años” (comunicado del 3 diciembre del 2012).

Asimismo, los compañeros de la Coordinadora Estudiantil Anarquista ven que las declaraciones del gobierno del df, donde se asocia al anarquismo con vandalismo y en concreto a su organización “carece de sentido de realidad y busca corregir sus errores y justificar su complicidad con Peña Nieto buscando chivos expiatorios (como nosotros) que no manifestamos sumisión o simpatía alguna con su gobierno” (comunicado del 3 de diciembre del 2012). Esta campaña significa para la Alianza Anarquista Revolucionaria “una estrategia para sembrar la desorganización y la desarticulación del movimiento social y el descontento en visible ascendencia y en otro plano criminalizar al movimiento anarquista” (comunicado del 4 de diciembre del 2012).

El anarquismo siempre ha sido incomodo, siempre ha sido ingobernable, y ante eso los gobiernos, los partidos políticos y los grupos –de todas las tendencias políticas-, que son los amos o aspiran a convertirse en los nuevos amos, utilizan la cárcel, la muerte, el exilio, la estigmatización y la guerra para acallar un movimiento que cuestiona de raíz la dominación social, es decir, las relaciones donde hay unos que mandan y otros que obedecen, unos que explotan y otros que son explotados.

En Europa, durante la segunda mitad del siglo xix, desde los gobiernos de cada país, se etiquetó a los anarquistas como terroristas y se crearon leyes que prohibían todo lo que pudiera tener que ver con el anarquismo –cualquier discurso, periódico, organización o símbolo-, como estrategia para romper la influencia del movimiento libertario en el naciente sindicalismo revolucionario y combativo y en el movimiento de los trabajadores que optó por la acción directa como forma de hacer política, que significa el rechazo de toda forma de representación y la negativa a ser dirigidos por quien sea –sea una vanguardia “revolucionaria”, un iluminado o un líder carismático-, así como el despliegue de una lucha que sea orientada y decidida por los propios interesados, de manera autogestiva, horizontalmente y basada en el apoyo mutuo.

En el mismo momento, en México, los gobiernos liberales de Juárez y Lerdo de Tejada acusaban al movimiento anarquista de violento y de atentar contra las leyes, cuando generó un movimiento agrarista contra el despojo y la privatización de la tierra, donde estaban involucradas cientos de comunidades indígenas y peones insumisos del centro del país; durante este movimiento el indígena y anarquista Julio Chávez López, originario de la región de Chalco, fue fusilado por ordenes de Benito Juárez.

Mientras que en el siglo xx, en todo el mundo, para detener el impulso antiautoritario y autonómico que desplegaba el movimiento anarquista en cada lucha, con los trabajadores del campo y la ciudad, con los indígenas, con las mujeres y los jóvenes, se utilizaron todos los calificativos y todos los medios. Durante la Revolución Rusa los bolcheviques los señalaron como contrarrevolucionarios por no aceptar el control centralista de los soviets y las comunidades libres por parte del partido, por lo que fueron masacrados los makhnovistas de Ucrania y los marinos Kronstadt, encarcelados miles de libertarios o llevados a los campos de concentración. Los regímenes fascistas y nacionalsocialistas de Italia y Alemania, respectivamente, trataron de eliminar toda señal de socialismo y anarquismo de sus países, para ello recurrieron a los asesinatos, a la persecución y a la cárcel, a la ilegalización de sus organizaciones y órganos de información y agitación, con leyes que prohibían la disidencia. En la Revolución Española, tanto estalinistas como franquistas y republicanos se encargaron de acabar militarmente la experiencia libertaria de organización social que concretaron los anarquistas desde la Confederación Nacional del Trabajo y los millones de trabajadores dispuestos a vivir sin Estado ni capital en el campo y la ciudad.

Los magonistas, en México, eran atacados desde el régimen de Porfirio Díaz, desde el grupo político de Madero y por todos los jefes revolucionarios que aspiraban a ser los nuevos dominadores del país como Carranza y Obregón. A los magonistas se les nombró como filibusteros para aislarlos de los movimientos y comunidades que en todo el país luchaban por Tierra y Libertad; se les encarcelaba constantemente, les quitaban las imprentas y el Periódico Regeneración era considerado ilegal.

Sin embargo, el movimiento anarquista y el horizonte ético-político libertario se ha mantenido siempre resistiendo a los embates que desde el Estado, el capitalismo y los grupos políticos autoritarios de derecha e izquierda han tratado de eliminarlo. Continua el anarquismo, en la actualidad, siendo incomodo, rebelde e ingobernable, significa en el hoy no sólo una pluralidad de individualidades, colectivos y organizaciones que despliegan desde estas formas de hacer política luchas y proyectos autogestionarios, sino que sus prácticas y posicionamientos han tenido una resonancia en una diversidad de movimientos y comunidades en lucha que apuestan por la autonomía, la horizontalidad, la democracia directa y el apoyo mutuo.

A pesar de todos los esfuerzos por acabar con el anarquismo, en el presente el anarquismo vive uno de los momentos de mayor resonancia y crecimiento en todo el mundo. Pues desde el anarquismo se ha impulsado una permanente crítica y rechazo a cualquiera que nos quiera representar o dirigir; irrumpe la negativa a la explotación capitalista y al trabajo alienado; implica un enfrentamiento cotidiano contra el patriarcado, el racismo y la xenofobia. El anarquismo nos recuerda que no necesitamos jefes, vanguardias, iluminados, lideres carismáticos o caudillos, pues los de abajo auto-organizados podemos crear todos los mundos que imaginemos. El anarquismo nos recuerda que nosotros hacemos todo lo que existe en este mundo, las generaciones pasadas y presentes con su hacer lo han construido e imaginado, por tanto, nosotros podemos crear algo nuevo en el momento que lo decidamos, como decía Durruti, llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, basta con que lo hagamos crecer día a día.

Publicado en: Desinformemonos

24
Ene
12

Foro-Debate

11
Nov
11

Libro LA CONFIGURACIÓN DEL PENSAMIENTO ANARQUISTA EN MÉXICO

LA CONFIGURACIÓN DEL PENSAMIENTO ANARQUISTA EN MÉXICO. HORIZONTE LIBERTARIO DE LA SOCIAL Y EL PARTIDO LIBERAL MEXICANO

Autor: Marcelo Sandoval Vargas.

En este trabajo se intenta construir una imagen dialéctica del pensamiento de dos pasados marginales del anarquismo en México: La Social y el Partido Liberal Mexicano. Una imagen que muestre que el pensar y el hacer ácrata se han ido instituyendo en cada momento del hacer cotidiano cuando se crítica y se cuestiona al sistema, al Estado y al capitalismo, así como desde el despliegue de sus iniciativas de lucha, organización, insurrección y revolución.

Ver, desde el ahora, cómo los horizontes de pensamiento libertario de La Social y del PLM quedaron frustrados, pero no por ello clausurados, sino que siguen siendo proyectos pendientes y por hacerse en el tiempo actual.

Dichos horizontes siguen siendo parte en la configuración del pensar y de las iniciativas político-organizativas de sujetos que hoy sostienen luchas, resistencias y procesos sociales en movimiento, al ponerse en práctica la acción directa, la descentralización, la horizontalidad, la autonomía y la autogestión, propios del anarquismo.

De venta en Guadalajara, Jalisco en:

Centro Social Ruptura: Joaquin Angulo #931, casi esquina con Enrique Diaz de Leon

Libreria Siglo XXI: Enrique Díaz de León #150, casi esquina con Lopez Cotilla

Espacios Libertarios y punks del tianguis cultural de Guadalajara

O escribenos a ceda.zalacosta@gmail.com – grietas.editores@gmail.com para distribucución y envios

05
Ago
11

Folleto sobre La Social. Primera organización anarquista de México

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23
Mar
09

La Autonomía y la Solidaridad contra la Represión

GREECE-SHOOTING/La represión política, al ser una acción unilateral del Estado para contener a quienes lo ponen en cuestión mediante la imposición del miedo y la violencia, se ha convertido actualmente en un recurso cada vez más común de la Sociedad del Poder ante la crisis económica, política y social que está viviendo. En este sentido, la generalización de la represión de los dominadores para mantener su poder contra los que resisten y luchan, pero también en lo cotidiano de nuestro trabajo, escuela y barrio, está resultando en la desmovilización, desarticulación y fragmentación de movimientos, comunidades y barrios.

Ante esto es necesario hacer una discusión sobre la Represión, ver cómo se está manifestando, qué características tiene, hacia quiénes se dirige y qué impacto está teniendo sobre los movimientos, luchas y resistencias, encaminada a hacer “un espacio, no sólo de denuncia de la represión vivida sistemáticamente en nuestros espacios de lucha, sino un punto de partida para discutir, a partir de esas experiencias, cómo inhibir y organizarnos contra este embate del Estado” (GLS, 2008).

Para esto, es preciso cuestionar lo que significa la justicia del Estado y sus leyes, esa parte del sistema de dominación que le da legalidad a la explotación, el despojo, el desprecio y la represión, y que en los últimos años se ve como prioridad en la lucha contra la represión. De este modo, el Estado nos impone su dinámica para forzar a las luchas sociales y los colectivos a que entren en un espacio donde las reglas del juego las decide este, con los  abogados, el delito, la pena, la fianza y la cárcel. Por tanto, si la vemos como la única opción, seguiremos condenados a la derrota, con una lucha exclusivamente de reacción y respuesta.

Por otro lado, hacer una recuperación de las experiencias represivas del 68 hasta la actualidad nos puede permitir conocer cómo es que han ido cambiando las formas de implementarla, pero sobre todo cuáles han sido las políticas organizativas que han hecho los movimientos y luchas contra la represión. Todo esto para tratar de configurar, desde nuestros espacios, una lucha contra la represión que la inhiba, la enfrente y donde la solidaridad se convierta en parte constituyente de nuestras formas de hacer política.

 

 

 

 

 

El Estado y su Justicia

 

Rechazamos toda legislación -privilegiada, autorizada, oficial y legal- y toda autoridad e influencia, aunque puedan emanar del sufragio universal, pues estamos convencidos de que sólo pueden desembocar en ventajas para una minoría dominante de explotadores.

Mijail Bakunin, Escritos de Filosofía Política

 

Uno de los pasos que consideramos importante dar para lograr configurar formas de resistir y enfrentar a la represión en la actualidad, es tratar de romper con la ilusión de la ley y el sistema de Justicia, en el sentido de seguir pensando que nos pueden traer beneficios o mejoras, ya que es vital que veamos que están hechos para dominar. Saber que, como la ley abarca todos los aspectos de la vida, fue creada para regularla e inmovilizarla, y al mismo tiempo permite a los Estados dar legalidad y un sostén aparente a la dominación y la explotación. En resumidas cuentas, las leyes están hechas en beneficio del propio Estado y los Capitalistas.

La represión y la ley son para controlar, dominar, pero también para crear una ilusión donde se presenta este mundo, por medio de la violencia, como el único modo de que se organice la sociedad; se nos quiere hacer creer que esta es la única opción de vida. Pero no sólo eso; en la actualidad las leyes se aplican según los propios intereses de la Sociedad del Poder; una ley se pone en marcha según les convenga, y al mismo tiempo, cuando se trata de reprimir a los movimientos, es válido dejar de aplicar una ley, omitirla o cambiarla con tal de encarcelarlos por años. Por eso podemos decir que vivimos en un Estado de Excepción permanente que configura una guerra civil legal, como lo plantea Agamben, es “un <<estado de la ley>> en el cual, por un lado, la norma esta vigente pero no se aplica (no tiene “fuerza”) y. por otro, actos que no tienen valor de ley adquieren <<fuerza>>”; en este sentido, “se presenta como una técnica de gobierno y… deja salir a la luz su naturaleza de paradigma constitutivo de orden jurídico” que “permite la eliminación no sólo de los adversarios políticos sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político” (Agamben, 2004).

Sin embargo, lo más crudo del sistema, de este Estado de Excepción permanente, llega contra los que se insubordinan, cuando te opones y lo cuestionas, por lo que tenemos que configurar nuestra lucha tomando en cuenta esto, porque el que la detención de un compañero sea ilegal o que los protocolos de Derechos Humanos firmados por México prohiban el abuso y la brutalidad policíaca, no garantiza que se detenga la represión o que salga libre el compañero.

Para pensar la lucha contra la represión desde otra perspectiva, consideramos importante darle otra mirada a la Justicia del Estado y sus leyes, ya que si los miramos como instrumentos de la dominación en tanto son creados por y en beneficio de los que tienen el poder, esto nos puede permitir no darle tanta centralidad ni esperanzas, como tampoco creer que es nuestra única opción al enfrentar la represión, que un proceso legal, una resolución judicial, el pago de una fianza, etc. nos resuelve por si sola todas las implicaciones de una represión. Ya que detrás del delito, la pena, de la prisión, están personas, familias y colectivos, que mediante la represión y las leyes, el Estado busca negar, objetualizar, clasificar y cuantificar.

Al mantenernos dentro de la fantasmagoría del Estado nos metemos en su tiempo y su espacio, lo cual nos pone en desventaja en una lucha contra la represión. Esto no quiere decir que dejemos en las cárceles a los compañeros, ni que se descarte crear un equipo de abogados como un frente más para inhibirla, simplemente que si tenemos la capacidad de cuestionar todo el sistema judicial y penitenciario es posible que nosotros seamos los que decidamos cómo y de qué forma llevaremos a cabo un proceso legal y cómo es que se dará la lucha dentro y fuera de las prisiones.

 

La represión política

Partimos de la idea de que la represión que se padece en la vida cotidiana y en los espacios de lucha es algo sistemático; es decir, no se sufre sólo por los que están organizados ni por pertenecer a algún colectivo o movimiento, sino que la puede vivir cualquiera, es una forma de control y contención. Pero además, el Estado ha implementado políticas y estrategias que tienen un carácter policiaco y militar: entre

1968-2008, la política y estrategia del Estado configura coyunturas de guerra sucia, en un devenir de permanente Guerra de Baja Intensidad, hasta llegar a una situación actual consecuente con lo que los zapatistas han denominado La Cuarta Guerra Mundial que el capital ha desplegado contra la humanidad toda, y que ha generado escenarios de guerra civil en México si consideramos el saldo en miles de muertos, encarcelados, torturados, desaparecidos, despojados de sus tierras-territorios, represiones policíacas y militares violentas, además del saldo en muertos por enfermedades curables, desnutrición, por contaminación, y ya tendríamos que contabilizar a los muertos a causa del malestar de la cultura autoritaria y deprimente del capitalismo (Sandoval, 2008).

Ante esto, podemos reconocer que la represión tiene diferentes formas de manifestarse pues “el que una persona sufra prisión política no depende tanto de lo que haga a nivel individual, sino que depende principalmente de cómo le sirve al Estado su encarcelamiento para reprimir a una comunidad, a una lucha o a una colectividad…” Lo cual quiere decir que

no se trata de golpes represivos separados unos de otros para disolver o desmovilizar momentáneamente, sino de una estrategia que pretende reducir al movimiento popular a la resignación… La represión forma parte de un esquema amplio de exterminio permanente y constante… Algunos de sus efectos son el miedo y la desesperanza ya sea individual o colectiva (Arenas y Gutiérrez, 2008).

Lo anterior da lugar a que la discusión sobre lo que significa la represión y sus implicaciones se complejice y da la posibilidad de ampliar las formas de combatirla e inhibirla; de esta manera no tenemos que esperar a ver presos, golpeados o asesinados, ya sabemos que el peligro está latente en todo momento, por lo que tenemos que estar desactivándola permanentemente; así, no es sólo desde los colectivos y movimientos donde se puede configurar una estrategia contra la represión, sino que tenemos que pensarla también desde la cotidianidad, lo cual ya no involucra únicamente a los militantes, sino a las propias familias, comunidades y barrios.

Y si además somos conscientes de que “la acción represiva es unilateral, la decide el régimen cuando considera que está en peligro su sistema de dominio. (Entonces) la idea de actuar con cautela para ´evitar la represión´ es una aberración…” (porque) “la única forma de ´evitar la represión’ es no poner en peligro el sistema de dominación” (ORPC, 1985).

Nuestra posición frente a la estrategia represiva del Estado debe ser con otra perspectiva, algo así como lo que están experimentando en Oaxaca donde:

No rehúyen la lucha. Son militantes de la transformación. Pero hacen cuanto pueden para dar a su rabia sentido constructivo y evitar la violencia. Saben que da pretexto a las autoridades para la represión y reconocen su esterilidad. Si uno es el fuerte, resulta innecesaria; si es el débil, puede ser suicida, contraproducente o inútil (Esteva, 2008).

A largo plazo la lucha contra la represión tiene que estar dirigida a la construcción y generalización de procesos autonómicos y autogestivos que pongan en cuestión la reproducción del Estado y el capitalismo; pero a corto plazo, cuando ya tenemos encima represiones como la de Atenco y Oaxaca y la estamos viviendo sistemáticamente en nuestros espacios de lucha, es cuando nos encontramos con el obstáculo de no saber qué hacer y entonces entran “el miedo, el protagonismo, los celos, la rivalidad, el prestigio revolucionario, el sentimiento de culpa, (que) se manifiestan en la cotidianidad del militante político que sufre el trauma provocado por la represión directamente sobre su persona o indirectamente, y ello influye en las formas de hacer política” (Sandoval, 2008) Junto con la situación de que “la misma inmediatez, que se vive como una demanda externa a la que hay que responder con urgencia, suele ser un factor desorganizador del colectivo al que se le demanda solidaridad. Y esto mucho más allá de la voluntad de los activistas” (Zibechi, 2004).

En la actualidad estamos en un momento critico al no saber cómo revertir la represión, ante lo cual pensamos que podemos tomar en cuenta dos aspectos: uno, hacer nuestro trabajo político en silencio, crecer, construir y fortalecer nuestra organización sin andar exhibiéndonos, esto como un medio para que cuando la tengamos que enfrentar se pueda dar la lucha en otros términos logrando que no nos desarticule y que quien se ponga a la defensiva y se debilite sea el Estado. Y el segundo es ya no pensar la solidaridad sólo como una acción de reacción y respuesta, ni como algo externo a la cotidianidad de nuestro movimiento, sobre todo si sabemos que la represión está latente, hacerle caso a la incertidumbre, no para inmovilizarnos sino para ver el peligro y tratar de desactivarlo.

Peligros que se generan por la decisión del Estado de reprimir cuando sus intereses se afectan o cuando se paran sus planes; peligros que nosotros mismos producimos llegando a ponernos en riesgo, al exponernos, facilitando la represión, así, nuestros saberes sobre la represión deben servirnos para ubicar con que la facilitamos; peligros previos a la represión, como las campañas mediáticas para ilegitimar una lucha; durante el propio contexto represivo con provocadores, infiltrados y radicales gobiernistas, estos últimos que sin ser pagados por el Estado les facilitan la tarea;

O peligros posteriores como cuando grupos de izquierda que no tiene un proyecto propio se han aprovechado de los contextos represivos, ven con una actitud utilitarista el hecho de que haya presos para tratar de ganarse prestigio, para reclutar militantes o como plataforma política para entrar al poder. Grupos como estos son los que contribuyen a obstruir el trabajo de solidaridad, porque ven a los presos y a los agredidos como botín político usándolos para su beneficio, ya sea para negociar espacios dentro de la clase política o para sacar dinero. Por lo que uno de los trabajos que pueden servir en la propia lucha contra la represión tiene que ser desactivar y denunciar a estas organizaciones para que no sigan estorbando en el trabajo anti-represivo.

La violencia y el miedo que provoca la represión, busca ocupar todos los aspectos de la vida para ponernos a la defensiva, desmovilizarnos y fragmentarnos. Esta lógica la podemos observar claramente con la prisión, que está hecha para aislar, controlar, desorganizar y romper con la vida, puesto que abarca no sólo el tiempo en que se está encarcelado, sino también cuando se sale de prisión, en el que el/la compañerx tiene que soportar un proceso legal, y en muchos casos tuvo que pagar fianza. Además, quedará marcado para toda su vida como alguien que estuvo preso, y hasta se llega al grado que el/la compañerx deja de participar en el movimiento, ya sea por estar enfrentando un jucio, por presiones familiares o por decisión propia.

Por todo esto vemos que una estrategia contra la represión tiene que tener una mirada en el largo plazo, con un proyecto de construcción de autonomía y autogestión que nos permita enfrentar la represión en otros términos. Y en el corto plazo, ante lo que ya estamos viviendo, pensar cómo desde donde se reproduce nuestra vida y estamos luchando promover, posibilitar el involucramiento de nuestras familias, comunidades y barrios; ver de qué manera afrontar lo jurídico y la prisión para no perder nuestra autonomía, pero que esto tampoco implique que los compañeros se queden presos; y hacerle caso a nuestro sentimiento de incertidumbre para que nos advierta del peligro y no le facilitemos la tarea al Estado.

La acción solidaria para inhibir la represión

Pensar sobre la solidaridad debe estar dirigida en ir viendo cómo podemos responder a la represión para que no tenga los efectos que el Estado quiere, implica ir pensando desde ahora y no esperar a que nos llegue el golpe que nos desarticule y desmovilice, para sólo entonces ver como se responde a la represión; se tiene que volver permanente el trabajo de ubicar los elementos que sirvan para saber si viene y de qué manera, con la intención de inhibirla.

Y poder entender que la lucha contra la represión y la solidaridad, en tanto son parte de nuestro hacer político, es posible desde allí plantear un cuestionamiento global al sistema, al mismo tiempo que no debe ser “derivada de los hechos represivos mismos y de la secuela -alto a la violencia, presentación de los prisioneros, libertados, etc.-” tenemos que pensar “primero y principalmente [en] la lucha contra la política legitimadora de la represión. La lucha contra al represión primero, previo al acto represivo, debe impedir que ilegitimen la acción revolucionaria,” se trata de lograr “dificultar el ejercicio de la represión, transformar sus efectos para que se reviertan en contra del régimen” (ORPC, 1985).

Al mismo tiempo tenemos que reconocer que la lucha contra la represión se ha vuelto ineficaz o está teniendo un impacto mínimo, por lo que ante las nuevas estrategias represivas del Estado los movimientos tenemos que pensar en una nueva dinámica de lucha y solidaridad, partiendo de que en todas partes la estamos viviendo con diferentes niveles de violencia.

Por lo que es preciso entender la solidaridad como la construcción de relaciones y vínculos desde donde estamos y desde lo que hacemos, para generar proyectos autónomos y autogestivos que nos permitan poner en cuestión la reproducción del estado de cosas actual. Entender que la “la solidaridad se basa en la acción. Acción que hunde sus raíces en el proyecto propio de uno que se lleve adelante coherentemente y dignamente” (Porcu, 2007).

Esto para romper con la idea de que la solidaridad y la lucha contra la represión es hacer actividades por el sentimiento de culpa que genera que compañeros estén presos, sean golpeados, hostigados, desparecidos o asesinados; iniciativas que la mayoría de las veces no contribuyen  ni a que los compañeros se sientan acompañados, ni a su liberación o a contener la represión. Ni tampoco pretender que ser solidario es ver dónde se está reprimiendo para andar de lugar en lugar, de plantón en plantón, de marcha en marcha, en una especie de turismo solidario, donde lo que en realidad se busca es ganar prestigio y protagonismo dejando de lado el construir una lucha contra la represión que la inhiba y la supere. Hay que tener presente “desde dónde se hace solidaridad: si desde las necesidades del emisor o del receptor” (Zibechi, 2004).

Pero la problemática de las marchas y plantones, esta también en que son una respuesta que los gobiernos ya están esperando, son una reacción automática de los movimientos a lo largo de la historia y han significado una apuesta, así como puede funcionar los gobiernos puede simplemente ignorar la presión política. En este sentido, desde los propios contextos represivos debemos tener la capacidad, la disposición y la autocrítica, de ir cambiando nuestras formas de enfrentar la represión cuando veamos que están siendo ineficaces.

Ante esto, uno de los primeros aspectos que vemos importante tomar en cuenta es que la solidaridad y las acciones contra la represión resultan siempre desgastantes para los movimientos, del mismo modo que “suele ser muy difícil acertar con los caminos a recorrer, ya que existe la tentación de abandonar las tareas del día a día para encarar los compromisos solidarios. Así las cosas, la demanda de solidaridad tiende a ser sentida como externa -y lejana- a la cotidianeidad de los movimientos” (Zibechi, 2004).

Lo anterior debido a que cuando se da la represión, durante un momento hay un crecimiento en la organización, en la movilización e incluso se incorporan compañeros, pero al final resulta una lucha y solidaridad coyuntural, ya que cuando la intensidad de la resistencia se va desgastando viene la desarticulación y desmovilización, muchas veces por estar destinando todos los esfuerzos en el combate a la represión se descuidan nuestros proyectos de construcción de autonomía de largo plazo.

Esta experiencia la vivimos durante la represión del 28 de mayo de 2004 los colectivos libertarios de Guadalajara; en los primeros meses siguientes al golpe represivo se dio un crecimiento del movimiento, muchas movilizaciones e iniciativas, nos hicimos tan visibles que era fácil que compañeros se incorporaran a los colectivos o hicieran nuevos (colectivo Sacco y Vanzetti, Acción directa, RATA, Morgan, etc.). Pero la problemática llego cuando la resistencia contra la represión se comenzó a desgastar con el pasar de los meses, al estar dedicando todo nuestro tiempo a la liberación de los presos dejamos de lado la construcción de un proyecto propio y la formación política que en el largo plazo provocó que la mayoría de los compañeros que se habían involucrado durante esta coyuntura se fueran deslindando.

Si logramos entender que la solidaridad es “una relación dialéctica, un
término de libertad y un medio de lucha” como dicen los libertarios griegos, que es una acción directa por la transformación que se nutre de la lucha por un mundo nuevo que cada quien estamos creando en donde estamos y de una relación de apoyo mutuo y acompañamiento de los diferentes que estamos resistiendo e insubordinándonos, entonces seremos conscientes que siempre estará configurándose en función de nuestras necesidades y capacidades.

Seguramente este documento termine sin resolver cómo resistir a la represión, cómo inhibirla y combatirla; pero si al menos logramos darle otra mirada podremos ir creando en lo cotidiano de nuestros espacios de lucha, formas de hacer ineficaz la represión y de generar acciones de solidaridad que sigan poniendo en cuestión al Estado y el Capitalismo. Esto, por supuesto, sin olvidar que tenemos una necesidad no resuelta ante los golpes represivos de los últimos años, meses y días: la liberación y presentación de los presos y desparecidos, la reorganización y rearticulación de los movimientos que vivimos la represión y no la hemos superado; y reparar el agravio por nuestros muertos.

Grupo Libertario Solidaridad

Febrero de 2009

 

Bibliografía

Giorgio Agamben. Estado de Excepción, Argentina, Adriana Hidalgo Editora, 2003.

Gloria Arenas y Eugenia Gutiérrez. La ruta de la represión (apuntes para una historia de la persecución política en México). Primera parte: la prisión política (1990-2008), México, octubre de 2008.

GLS. Contra la Represión, la Organización Autónoma, Guadalajara, México, septiembre de 2008.

Gustavo Esteva. La APPO, ¿de nuevo?, México, febrero de 2009.

Mijail Bakunin. Escritos de Filosofía Política, España, Alianza Editorial, 1990.

ORPC. La izquierda ante la represión y el autoritarismo estatal, México 1968-1985, México, 1985.

Pierleone Porcu. “Solidaridad Revolucionaria” en Motín, publicación de la CNA- Buenos Aires, No. 6, enero-febrero de 2007.

Rafael Sandoval. Ante la represión, la organización autonómica, Guadalajara, México, 2008.

Raúl Zibechi. La solidaridad, tan difícil, Argentina, 2004.

Solidarios anarquistas, antiautoritarios y libertarios de Grecia. La solidaridad como desinteresada relación por la transformación radical de la realidad, Grecia, 2008.




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