Archivo para 23 julio 2012

23
Jul
12

Foro-Debate en el Centro Social Ruptura

11
Jul
12

Ante la perversión y penetración del discurso electoral del poder y el dinero, la resistencia anticapitalista

Ante la perversión y penetración del discurso electoral del poder y el dinero, la resistencia anticapitalista

Rafael Sandoval Álvarez

El momento político que se vive, con la indignación que causa el caer en cuenta de que las elecciones son parte de un sistema político en el que no cuenta la voluntad popular, muestra que la vía electoral para conseguir un sistema de gobierno democrático no sirve. A pesar de las evidencias del fraude, se legitima a quien es puesto en el lugar de candidatos y gobernantes por los capitalistas, y no por que sean realmente los que hayan elegido la mayoría de los votantes (siempre menos que los que nos abstenemos de participar en la farsa) sino por es suficiente con que las elecciones sigan siendo legitimadas por quienes votan.

A pesar de saber que los grandes capitales y el aparato de Estado paga y manipula a los medios de comunicación (incluidos ahí toda clase de periodistas, editorialistas, encuestólogos, etc.), a los votantes que venden su voto, a los funcionarios y burócratas de las instituciones que se encargan de operar la farsa electoral, las elecciones logran convocar a poco más del 40% de los electores.

Sabemos que los políticos profesionales de los partidos opositores también viven de eso, son parte del sistema político que se encarga de controlar y dominar a la población y de aplicar las políticas económicas y sociales, las estrategias de seguridad policiacas que convienen a los capitalistas. Sabemos que quede quien quede en los puestos de gobierno operará dichas políticas. Sabemos quienes son los equipos que rodean a los candidatos que parecen honestos y que por más que quieran (estoy suponiendo que hay uno que otro candidato honesto y que quisiera gobernar para el pueblo) serán copados por el sistema político, por el dinero y el poder. Son esos políticos profesionales de los partidos de oposición y sus acompañantes de las Organizaciones No Gubernamentales, de las asociaciones civiles, de las organizaciones sociales corporativas, quienes logran convocar la ilusión de la mitad de ese 40 % de votantes. Hoy todos han logrado convocar a una manifestación publica sin precedentes en los últimos veinte años (luego de las de los años noventas que convocaron los zapatistas, las protestas por la explosión del sector reforma y el asesinato del cardenal Posadas), pero nos seguimos preguntando hacia dónde se dirige el descontento.

Los políticos profesionales seguramente procederán para que les concedan una mayor porción del poder del Estado y mayores cantidades de dinero para que sigan haciendo política con el único fin de mantenerse en el poder gubernamental. Los colectivos y personas que luchan por un cambio verdadero, se enfocarán en la perspectiva de cambiar las formas de entender y hacer política, más allá de los márgenes del capital y el Estado. Sabemos que hay quien dentro de las movilizaciones apuesta a cambiar las formas de hacer política. También que está lleno de grupos políticos y personajes que persiguen conservar sus cotos de poder ante el peligro de despojados por la estrategia neoliberal de guerra por la que optaron los grandes capitales.

En estas movilizaciones se observa a miles de personas de la clase media que estuvieron dispuestos a votar y hoy a movilizarse en contra de la imposición anunciada. Muchos de ellos no son ingenuos, aunque creyeron que podría derrotar a la maquinaria del fraude, saben que no se puede demostrar, de acuerdo con la legalidad secuestrada y tramposa, el proceso de defraudación. Por eso, habría que cuestionarnos si la movilización, además de sublimar el coraje y la desesperación, pretende negociar que el mal no sea mayor sino un mal menor al busca una garantía de que no van a perder privilegios que les ha concedido el propio sistema político: la seguridad de que no los alcanzara la guerra, la que ya viven los de abajo, la seguridad del empleo y el salario que actualmente tienen, que no destruirán sus negocios y pequeñas empresas, que no perderán sus puestos de dirección en alguna de las instituciones de educación, salud, etc., donde se han venido desempeñando.

Por cierto, es de agradecer que los militantes de base de los partidos y organizaciones sociales electorales en esta ocasión no nos hayan echado la culpa a los abstencionistas del fraude de que fueron objeto. A los abstencionistas nos indigna que defrauden a quienes votaron honestamente.

Los de abajo que viven la guerra total del capital, no se movilizan de esa forma ni en tiempos electorales. La resistencia anticapitalista tiene otros ritmos, otros tiempos y espacios de lucha. En tiempos de guerra no se opta por votar para legitimar la guerra.

Pensar las elecciones con la vieja forma de entender la política, como estrategia (sea leninista o burguesa, que es el mismo paradigma liberal) para tomar el poder del Estado, explica por qué se cree que del voto depende el cambio de régimen. Así se vende en la propaganda electoral el producto del negocio del poder, pero el que se logre o no un cambio de régimen no depende de votar por uno u otro candidato. Se olvida que cuando se derrotó al pri en las urnas ni siquiera cambio el régimen político, si acaso hubo una modificación del sistema de gobierno: de un partido de Estado a uno de partidos de Estado.

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